Crítica sobre la película “Una pistola en cada mano”

Estrella Laurta 6 septiembre, 2013

Crítica sobre la película Una pistola en cada mano

Sin dudas que Ricardo Darín es uno de los grandes actores argentinos, habiendo protagonizado grandes películas con excelentes guiones y direcciones muy cuidadas tanto en su país como en el extranjero, una de las cuales mereció el recordado Oscar de la Academia de Hollywood por “El secreto de sus ojos”.

Por su presencia y la de Leonardo Sbaraglia en los roles principales así como los actores españoles de la talla de Luis Tossar (Te doy mis ojos, Los lunes al sol, Celda 211) y Eduardo Noriega (Tesis, Abre los ojos, El Método), “Una pistola en cada mano” era una película esperada por los uruguayos.

De la mano de nuestro colaborador Andres Caro Berta, tenemos la crítica de la misma.

Magnolia, la estupenda producción, dirigida por Paul Thomas Anderson inauguró una moda en el cine, de películas llamadas “corales”
No es que antes no las hubiera, pero a partir de ella se sucedieron varias como Babel, Crash, por nombrar apenas dos, donde historias sueltas terminaban teniendo un hilo conductor común

En esta española, un poco traído de los pelos, también está el concepto de “coral”

Todo ronda en una mirada posiblemente crítica de los hombres en relación a los amores y desamores, a la pareja y cómo actúan estos ante sus vínculos.

Las historias son varias y se asemeja más la forma de contarlas al lenguaje teatral que al cinematográfico. Se da siempre en un diálogo frente a la cámara entre dos personajes, a lo sumo tres, y rondan en el abandono, el engaño o las dificultades sexuales del hombre ante su pareja.

Dos hombres se encuentran casualmente en la puerta de un ascensor y discurren sobre cuánto tiempo llevan sin verse. Aquí hay un vínculo que ronda lo homosexual no manifestado. Mientras uno está muy bien pero empastillado, el otro, que ha perdido todo (pareja, trabajo, vive con su madre) está bien consigo mismo.

Un oficinista busca conquistar a una compañera de trabajo, en medio de un festejo pero es atrapado en su propia mentira. El picaflor, creyéndose ganador cae en la trampa, se le promete sexo en un baño, pero queda esperando y luego es el hazmerreír de las mujeres.

Un esposo espía a su mujer hasta que llega al edificio de su amante, y se da un encuentro entre estos dos hombres en una plaza, donde se resuelve el futuro de los tres.

Una mujer cuenta al amigo íntimo de su marido cómo este está resolviendo sus problemas sexuales a través de la psicomagia (aquí un giño a Jodorowsky) y demuestra qué poco que hablan los hombres entre sí, de sus dificultades eréctiles.

Un divorciado busca un acercamiento con su ex mujer, aunque ello parece imposible de lograr. Las indirectas buscando un acercamiento terminan siendo un tanto frustrantes y patéticas.

Las temáticas son interesantes y dan para conversar cada una de ellas, luego de salir del cine o apagar el reproductor casero. El problema de UNA PISTOLA EN CADA MANO, es su narración. La misma es lenta, calma, comprensiva, sin apasionamientos (a no ser la del divorciado, quizás el mejor tramo de la película) y todo transcurre sin levantar la voz, como si se tratara de dar explicaciones ante la cámara de lo que se cuenta, pero sin comprometerse con ello, ni tampoco ver un desarrollo más vivencial.
Los personajes cuentan (se cuentan entre ellos, y también al espectador) por la que están pasando, lo que les ocurre, y no sucede mucho más.

Esa falta de adrenalina hace que la mirada sea distante, como si uno estuviera escudriñando, o escuchando lo que dice una pareja que se encuentra a pocos metros de donde usted está.

Las presencias de Sbaraglia y Darín no se justifican, a no ser por intentar mejorar la taquilla con dos actores argentinos. Ambos merecían un rol más activo dentro del metraje. Eso es más notorio en el personaje de Darín, que habla y habla sentado en un banco de plaza, sin desplazamientos, y poca gesticulación.

El pobre Sbaraglia, al que ya cuesta entender lo que dice en todas sus películas, acá se lo hace gesticular y decir cosas desapasionadamente.

El resto, españoles, cumplen su papel en forma correcta, pero no mucho más allá de sus aptitudes y lo que el libreto les permite.

La intención del guión parecería ser demostrar que los hombres resuelven sus problemas o callándose, o actuando como perfectos caballeros, hablando con sus oponentes, o aceptando las circunstancias.

La información de la productora amplía un poco lo que expreso y dice sobre esos personajes lo siguiente:

Ocho hombres alrededor de los 40, desconcertados y perplejos, se ven envueltos en situaciones cotidianas que reflejan su principal conflicto: la crisis de identidad masculina. Su incapacidad para expresar lo que sienten les conduce a situaciones cómicas y patéticas que dejan atónitas a las mujeres.
J. (Leonardo Sbaraglia) está deprimido a pesar de tenerlo todo y es carne de psicoanalista. En cambio, E. (Eduard Fernández) no tiene nada pero duerme como un bebé a pesar de haber vuelto a casa de su madre con su gato. S. (Javier Cámara) aborda a su ex mujer Elena (Clara Segura) en un intento de volver con ella dos años después. G. (Ricardo Darín) busca, con ayuda de ansiolíticos, entender por qué su mujer tiene una aventura. P. (Eduardo Noriega) pretende seducir a su compañera Mamen (Candela Peña). Maria y Sara (Leonor Watling – Cayetana Guillén Cuervo) intercambian a sus maridos  (Jordi Mollà – Alberto San Juan) en un intento de que cada uno descubra las intimidades del otro. L. (Luis Tosar) llama a su amante por el nombre de su perro.
El filme no es malo, pero no es atractivo. Resulta demasiado hablado y con poca acción. Por eso mencionaba al comienzo de la nota que tiene un lenguaje más teatral que cinematográfico.
Es ideal para aquellos que trabajen en grupos de reflexión, pero difícilmente pueda resultar interesante para quienes buscan una comedia de costumbres, tal como anuncia su publicidad.
Su director, Cesc Gay ya había incursionado en varias historias dentro de una película. Por ejemplo, su primer filme, realizado en 16 mm, Hotel Room relataba que pasaba en un hotel de baja categoría, en Nueva York, un 4 de julio.
O, En la ciudad donde un grupo de amigos se reúne sin conocerse mucho entre sí, por lo que el guión incursiona en la vida íntima de cada uno de ellos.

EN RESUMEN
Si lo que desea es pasar un rato escuchando hablar a esos hombres de sus vidas y conflictos, para luego, cuando terminan los títulos finales, poder conversar con su pareja o amigos, resulta entretenida, aunque no todos los capítulos tienen el mismo nivel.
Si lo que busca es una comedia de costumbres, con una historia que se cuente en movimiento… no es esta la película que debe elegir.

Andrés Caro Berta

Compartir TWITTEAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *