Crítica de “Carne Trémula”

Estrella Laurta 28 agosto, 2013

He vuelto a ver una vez más una de las películas de Almodóvar: su primera adaptación de una novela a un guión cinematográfico. Un guión inspirado en una gran novela de la autora Ruth Rendell la cual protagoniza Victor Jenner.

Mezcla emocional de venganza y culpa mueve a un violador quien comienza extrañamente a desarrollar una relación con un policía al que deja paralítico después de que este lo detiene. Sucesión de un triángulos amorosos oscuros en los que son partícipes junto con la esposa del policía. Definitivamente, una trama que ha supuesto una superación para el propio Almodóvar a la hora de trasladar y adaptar una novela a la gran pantalla.

El guión, co-escrito con Ray Loriga, extrae de la novela de la escritora británica el jugo y, sobre todo, una estructura sólida en la que mantener en pie su alambicada historia. Almodóvar masticó la novela hasta digerirla y hacerla suya. En las manos de Almodóvar, el libro se convierte en una mera inspiración para el director. Los personajes episódicos están, en Carne trémula, mucho más amarrados, ciñéndose a aquello que se nos cuenta .

También por primera vez en su obra, Pedro Almodóvar incorpora a la historia alguna referencia sociopolítica. Carne trémula comienza con el nacimiento de Víctor en un autobús durante el estado de excepción en la España franquista, que se sucede el 31 de diciembre de 1969. La escena filmica de una extrema hermosura del cine español, es una especie de metáfora de lo que ya había comenzado a producirse en la historia real de España, porque en ella, una mujer está a punto de parir y ese parto es sin duda, la representación de lo que se está gestando: un cambio en los años venideros del país, la que se contrarresta con la escena final de la propia película veinte años después.

Algo que retoma Almodóvar de su película anterior, es un acercamiento al lado más sufrido del ser humano. Además, la mayor parte del peso de la historia recae sobre las espaldas de los hombres; mientras que el dibujo de los personajes femeninos parece bastante alejado de las anteriores “chicas Almodóvar“. A pesar de todo esto, no hay duda de que la película es Almodóvar cien por cien.

La trama es bastante complicada, no compleja, armada a partir de círculos concéntricos. El film se abre con el nacimiento de Víctor en un autobús, en una escena interpretada de manera espléndida por Penélope Cruz, Pilar Bardem y Álex Angulo, y se cerrará con otro parto en las mismas calles (aunque muy diferentes) de Madrid. Entre medio de las dos escenas hay una alambicada historia que se centra en Víctor (Liberto Rabal) ,un joven repartidor de pizzas, que se ve implicado en un altercado con una chica, llamada Helena (Francesca Neri) adicta a las drogas que conoció una semana atrás y una pareja de policías, David y José (Javier Bardem y Sancho Gracia) que acuden ante el escándalo. En un forcejeo la pistola se dispara, hiriendo a uno de los policías. Años después Víctor sale de prisión, mientras el policía herido, David, es un parapléjico que triunfa en los Juegos Paraolímpicos de Barcelona 92 y que se ha casado con Helena.

Resulta difícil buscar peros a la película. Todos los elementos del film brillan a gran altura: su guión, sus diálogos, las situaciones que viven los personajes, las imágenes, los movimientos de cámara, la fluidez narrativa, su estructura, la bellísima música de Alberto Iglesias, la labor excelente de los actores… todo el conjunto forma un relato cinematográfico fascinante. Las manos ensangrentadas y entrelazadas de Sancho Gracia y Ángela Molina; la brillante escena en la que Francesca Neri y Javier Bardem se miran por primera vez, subrayada por un hermosísimo movimiento de cámara circular; son muestras claras del talento visual del director, atrás quedaban aquellos films de la movida madrileña de puesta en escena desaliñada.

Carne trémula es una película hermosa y enormemente rica que nos habla de falsas redenciones y de un romanticismo y una pasión amorosa muy cercanos al amour fou que Almodóvar homenajea utilizando varias escenas paralelas de Ensayo de un crimen (1955. Luis Buñuel). Víctor ama apasionadamente (el término no lo puede definir mejor) a Helena; José (Sancho Gracia) es arrastrado por el amor y los celos en la relación con su esposa Clara (Ángela Molina); David lleva una cruz en forma de silla de ruedas en su pasión por Helena; y las dos mujeres, Helena y Clara, son el silencioso motor de los entresijos de la trama, objetos del deseo y diosas del amor.

Como en todas las buenas películas, su visión nos ofrece múltiples lecturas. Así, Carne trémula es un film duro que nos habla de las relaciones humanas, sobre el amor, el desamor, el sexo, el deseo, el perdón, la redención, los celos, la amistad, la vida, la muerte…

Un detalle más para tener en cuenta en Carne Trémula sobre el cuerpo másculino que adquiere un singular significado:

Hablar del cuerpo del “hombre de Almódovar“, en cualquiera de sus películas sin mencionar al órgano que lo constituye resultaría un sacrilegio. Ocurre lo mismo en Carne Trémula. Se trata de un término acuñado para definir una nueva manera de enseñar el pene en el filme: el pene melodramático. Se trata del pene que enseña -más allá de su estructura anatómica- todo un universo. Partiendo de este concepto como objeto teórico y desde el filme, se puede tomar como ejemplo el desnudo del personaje “Víctor”, cuya escena, más que nada, recrea la ansiedad y el pánico que conlleva la pérdida en distintos niveles; más allá de representar una escena erótica, muestra la fragilidad del hombre ante sus carencias y sus pérdidas, simbolizada por el poderoso fuego. De esta forma, en el filme de Almodóvar, el mostrar del pene va acompañado de una emoción profunda y no es un simple desnudo; en ello radica su valor estético, además de develar la fragilidad de la masculinidad de “sus hombres”, que muchas veces está en contraposición con la fuerza o la debilidad de los personajes femeninos que les circundan.

Los hombres de Almodóvar sí se convierten en anfitriones de deseos; en receptores de huéspedes frívolos, que luego serán objetos de poder y de control o que, eventualmente, se convertirán en enemigos entre sí. Eso sucede en esta película, donde la protagonista elige el momento de mayor exitación para mencionarle a su esposo David que fue objeto de la mirada de Víctor en el funeral -como quien niega “la entrada emocional” al cuerpo masculino que tiene de frente para darle paso a otro cuerpo-; más aún, cuando “elige” ser anfitriona del cuerpo de Víctor y niega el cuerpo de su esposo, puesto que “estuvo follando toda la noche” con éste. En estos casos, los cuerpos de los hombres de Almodóvar son recibidos o no por otros cuerpos. Precisamente, en dicho anfitrionazgo, a partir de dicha recepción o no, se van entretejiendo historias de hombres que culminarán en amor, en desdicha o incluso en tragedia.

Otra interacción que entre hombres, es en la escena donde Javier Bardem y el personaje de Víctor tienen una confrontación. A pesar de no estar dotada de sexualidad de forma explícita, sí ocurre una situación de anfitrionazgo que debe ser discutida. Cuando Víctor logra ver a la mujer de sus deseos en el funeral y el esposo, David, se entera  decide invadir su espacio físico para amenzarle. Hay dos aspectos importantes que deben ser considerados en dicha escena: en primer lugar, cuando el espectáculo del deporte -al estilo Debbord- les convierte en dos expectadores más, unidos por un mismo propósito, allí, la camadería de dos hombres rompe con la solemnidad dado lo espeluznante del encuentro entre dos opuestos.

En esta escena David no sólo invadió la casa de Víctor, sino además, sus genitales (al apretarle en dicha área y amenazarle), como muestra de su capacidad de matarle, a pesar de su no movilidad en las piernas. De esta forma, Víctor se perpetúa como ese huésped que “no se desea, pero se tiene”, y quien se convierte en el objeto del “gaze” o la mirada del impotente David y en esa figura ya presente “en su casa sentimental”, de la cual no podrá desprenderse jamás; para Víctor, David es esa figura que se le aparece de la nada en cada rincón (en la televisión, en los “billboards”, en lo mediático) y quien pareciera ganarle simbólicamente, aún sin estar presente y pese a sus limitaciones físicas.

El personaje de Víctor busca, a toda costa, satisfaccer su deseo carnal con distintas mujeres una vez sale de la cárcel como “el plan de venganza” para estar con su mujer amada versus su prueba de sangre que legitima que nunca ha estado con otra mujer y que es cualquier cosa menos promiscuo.  Y, finalmente, David dedica casi todo su tiempo al baloncesto y a fortalecer sus brazos -a tal extremo de convertirse en una figura respetada a nivel mediático- para compensar sus carencias como hombre “sin falo”, sin piernas, y que no puede consumar el acto sexual con su esposa; ni siquiera con su corazón.

Estos hombres de Almodóvar son “extremos en excesos”; son capaces de lamer casi mordiendo como David en la escena de la bañera. En apariencia, no se quiere perder lo deseado. De esta forma, los machos ibéricos de Almodóvar se presentan como hombres que buscan satisfacer sus deseos a toda costa y tener lo que quieren, aquí y ahora. En ocasiones, son hombres que pretenden asumir su masculinidad y sus deseos carnales, así tengan que renunciar soportalo todo.

Se debe mencionar que, en el cine almodovariano, los símbolos del deseo también son importantes: entre ellos, se destacan la máscara del lobo de Víctor y la camisa “100% Animal” de David en Carne Trémula. Ambas piezas se muestran como el reflejo de esas necesidades o carencias de los hombres “cien por ciento hombres” de Almodóvar, cuya fragilidad animalesca, emocional o física, ha sido optativa para ambos; elegida y perpetuada hasta el final. A través de estos elementos, los hombres de Almodóvar pueden ser vistos como criaturas insaciables, indestructibles y deseables, como esas figuras que, a pesar de ser benévolas a nivel consciente, poseen un lado de perversión inconsiente; la naturaleza las ha provisto de un espíritu animalesco que jamás podrán vencer.

El deseo por perpetuar el linaje a través de la figura del hijo; ese que nace en la España cubierta de soledad y de poca libertad, en contraposición a la realización a través “del hijo del hijo” (de Víctor), quien nace en una España anfitriona, llena de luces y multitudes; es el “crecer y multiplicaos”.

Ver el trailer aquí.

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