«Medea» Nocturno para ocho actrices

Estrella Laurta 30 agosto, 2013

Si de teatro clásico se trata, Medea es un ícono en lo que al género de representativo de la tragedia se refiere. La misma, de Eurípides, se escribe en torno al siglo V a.C., considerada por la crítica por una de las mejores obras gracias a la profunda reflexión que el personaje principal (Medea) así como su mundo representa, resignificando de alguna manera, el papel de la mujer en los diversos ámbitos de la sociedad al completo, defendiendo no solo los femeninos valores sino además la condición propia de mujer.

Producido gracias al Programa de Fortalecimiento de las Artes de la Intendencia de Montevideo, es además patrocinado por la Embajada de Grecia en nuestro país.

Mira aquí las entrevistas realizadas especialmente para Agora Cultural; en exclusiva a la directora de la obra Marisa Bentancur, así como al elenco de la obra

La versión que vimos en la primera mitad de este 2013 es de la reconocida Marisa Benancur y cuenta con su propia dirección.

“Medea o la desmesura. Medea el deseo. Medea el grito. Medea pasión enceguecedora. Medea nuestros oscuros deseos sangrientos. Medea el crimen. Medea el desenfreno”

Para ello Eurípides pone en boca de la propia Medea frases como:

De todo lo que tiene la vida y pensamiento, nosotras las mujeres, somos el ser más desgraciado. Empezamos por tener que comprar un esposo con dispendio de riquezas y tomar un amo de nuestro cuerpo, y éste es el peor de los males. Y la prueba decisiva reside en tomar a uno malo o a uno bueno. A las mujeres no les da buena fama la separación del marido y tampoco les es posible repudiarlo.

Y si nuestro esfuerzo se ve coronado por el éxito, y nuestro esposo convive con nosotras sin aplicarnos el yugo por la fuerza, nuestra vida es envidiable, pero si no, mejor es morir.

Dicen que vivimos en la casa una vida exenta de peligros, mientras ellos luchan con la lanza. Necios. Preferiría tres veces estar a pie firme con el escudo que enfrentarme al parto una sola vez.

Una mujer suele estar llena de temor y es cobarde, para contemplar la lucha y el hierro, pero cuando ve lesionados los derechos de su lecho, no hay otra mente más asesina.

Siempre la aspiración está en que en los tiempos que vengan, cuando calle la citara y las guerras desaparezcan la creación de estos textos no dejará de ser eterna y los hombres alcanzaremos su altura el día en que tomemos conciencia de la humildad de su naturaleza, cuando nos sintamos seducidos hacia el bien, cuando nos sepamos jueces solitarios de nuestros propios actos, cuando compadezcamos de veras la desgracia y el sufrimiento ajenos y cuando consigamos asumir nuestro destino en vez de soportarlo.

Nietzsche dice: “de hecho hemos agregado muy pocas presencias a las presencias que nos dio la Hélade: Nuestros trabajos son los de Heracles, nuestras revelaciones miran a Prometeo, el Minotauro mora en nuestros laberintos y nuestros aviadores se precipitan a la tierra desde el cielo como Ícaro. Aún antes de Joyce nuestras peregrinaciones y odiseas eran las de Ulises.”

“El exasperado dolor de las mujeres continúa expresándose con la voz de Medea. Las mujeres Troyanas expresan nuestras lamentaciones sobre
la guerra. Edipo y Narciso sirven para dignificar y definir nuestros complejos. El espejo refleja el espejo, el eco llama al eco…y estos son también tomados de

los mitos griegos.” Así la sabiduría de la Grecia antigua sigue entre nosotros.

Los médicos e investigadores a lo largo de los siglos han considerado a las mujeres como histéricas y: “Nuestros gritos a través de la historia fueron vistos como: “espectáculo”, “movimientos ilógicos”, “poses plásticas” y “actitudes pasionales”.

Las mujeres que matan en las ficciones están hechas de “signos femeninos”: todas matan por pasión, por amor o celos o venganza, y sus crímenes son domésticos; matan ex amantes o maridos que no han cumplido con su palabra o mienten. Crímenes privados, de pasión femenina desencadenada.

Ahora bien en la “vida real” por cada mujer que mata hay 8 asesinos hombres. Las mujeres que matan en la vida real son más excitantes y tienen mucho espacio en los medios. No se trata de crímenes obvios y brutales, sino más sutiles, con venenos en una comida cuidadosamente preparada, la dosis incorrecta de algún remedio recetado, todos en el campo domestico.

  • Elenco: Gabriela Iribarren; Rosa Simonelli; Danna Libermann; Carolina Eizmendi; María Inés Dutour; Elaine Lacey; Lilián Dos Santos y Analía Gavilán
  • Diseño escenográfico: Adán Torres
  • Realización escenográfica: Fernando Scorsela
  • Asistentes de escenografía: Bruno Torres; Leonardo Urrutia
  • Diseño de Iluminación: Martín Blanchet
  • Diseño de Vestuario: Verónica Lagomarsino
  • Realización de Vestuario: Nilda Rodríguez
  • Maquillaje: Maria Giambruno
  • Fotografía y Arte Gráfico: Alejandro Persichetti
  • Investigación y realización audiovisual: Enrico Greco
  • Coreografía: Norma Berriolo
  • Investigación expresiva: Danna Liberman
  • Operador de luces y sonido: Andrés Guido
  • Operador de imagen: Lucía Senra
  • Boletería: Belén Acevedo
  • Gestor Cultural: Leonardo Urrutia
  • Producción ejecutiva: Julio Persa
  • Dirección General y Puesta en Escena: Marisa Bentancur
Compartir TWITTEAR

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *